Nana Hinestrosa: «La aventura de mi vida en el punto más alto del mundo!»

Decisión, enfoque, técnica… y diversión!

por Adriana Hinestrosa Salazar. Perfil Instagram @nanah74

 

Así podría definir lo que es entrar al increíble mundo del off road, un estilo de vida que literal te expande los sentidos y te genera una conexión especial con tu moto (y con la vida misma).

Esto lo pude vivir durante una de las experiencias que me marcaron la vida: recorrer los Himalayas en una moto de 411 c.c., durante 10 días y más de 60 horas manejándola, logrando subir al punto más alto del mundo transitable por un vehículo a motor: El Kardunghla, A 5.800 mts sobre el nivel del mar.

India es quizá un destino imperdible para un motociclista aficionado, no solo por sus paisajes, sus carreteras y su alta afición por rodar en moto, sino porque las mismas condiciones de cada tramo nos desafían a ir totalmente conectado a la moto, con la mente casi en blanco, percibiendo cada sensación que produce el ir por carreteras inimaginables, pasando del pavimento a la tierra en minutos.

Pero llegar hasta allá requirió de mucho más que experiencia y ganas, necesitaba saber cómo pilotear una moto en condiciones cambiantes, con temperaturas extremas de calor y de frio, en pasar de carreteras muy angostas con precipicios infinitos a vías en tierra llenas de rocas y arena, en donde muchas veces la neblina no te permite ver más allá de dos metros, o en algunos casos, la nieve que te encuentras en los puntos más altos hace que el pavimento parezca más a una pista de hielo que a una carretera.

Pero lo que realmente hizo que mi experiencia fuera ALUCINANTE fue haber llegado a este increíble continente con la convicción y seguridad de poder DOMINAR realmente la moto, teniendo claro que nuestros pies, piernas y caderas son los que realmente llevan el control de ella, liberando cualquier tensión que generalmente ponemos en nuestros brazos, para así fluir con ella mientras disfrutas la belleza de paisajes que más bien parecen pinturas al óleo.

La mirada se convierte en tu timón, en tu guía. Mantener la mirada lo más lejos posible, proyectándola hacia lo que venía, me permitía tener la tranquilidad de que iba a llegar a donde quería, sin afán, pero anticipando cada obstáculo o cambio de terreno que se aproximaba. Esto sin duda hizo que pudiera experimentar lo que yo llamo «La meditación activa»: esa conexión entre mente y máquina, ese silencio profundo que simplemente te «reinicia» y donde solo puedes sentir una cosa: libertad.

Sí, definitivamente, entrar al mundo de la tierra, el barro, las piedras y el polvo es un reto para el cuerpo y la mente, pero sin duda es la decisión que te cambia la vida para siempre.

Los tips básicos que me hicieron sentir segura y confiada durante toda esta experiencia son:

Enfocar la energía en los pies, piernas y cadera: de esta forma puedes controlar realmente la moto y moverte de manera fluida con ella, dosificando la energía que generalmente pones en tus brazos y el manillar.

Proyectar la mirada: ¡A donde mires, allá llegas! Es así de literal. Anticipar tu mirada, además de evitarte un accidente, te permite dirigir mucho mejor la moto hacia esa meta o destino al que quieras ir.

Decisión: Dudar o sobre pensar algún movimiento te puede jugar una mala pasada. Siempre debes manejar con total confianza y tener decisión durante cada tramo y obstáculo que debas pasar.

¿Qué estás esperando para experimentar nuevas sensaciones en tu vida?

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